Testando nuevas tecnologías en alta mar

El proyecto ‘Sailing Living Lab’ une la pasión por navegar de un ingeniero que recorre el mundo convirtiendo su barco, el Acrobat, en un laboratorio de pruebas vivo y en constante búsqueda de patrocinios y compañeros de viaje

Laura Pérez Torres

Laura Pérez Torres


30 de mayo de 2017, 21:00

Con la energía que da la libertad de vivir uniendo las piezas del puzzle que le apasiona, al ingeniero zaragozano Diego de Miguel le viene como un guante la estrofa de José de Espronceda: “Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar”.

Y es precisamente en el mar donde se está consolidando ‘Sailing Living Lab’, un proyecto innovador que está abierto “a colaboraciones con empresas y particulares interesados en testar nuevas tecnologías en alta mar, donde las condiciones son más duras y exigentes”, explica el promotor del proyecto y capitán del velero Acrobat.

Marinero de vocación desde los 7 años, ha sido campeón de Aragón de vela ligera en varias ocasiones y emprendedor de base tecnológica, ya que con 28 años creó su primera compañía, Admotion. “Vendí mi parte de la empresa y con el dinero que me dieron compré este barco y me aventuré en este nuevo proyecto con el que espero contribuir no solo al desarrollo tecnológico, sino a crear empleo“, añade Diego de Miguel que llegó a Andalucía de paso para visitar las Islas Canarias y ya lleva más de 4 meses navegando en aguas andaluzas.

‘Living Lab’
‘Living Lab’ es un concepto ideado hace 10 años en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, en sus siglas en inglés) y en la actualidad hay de todo tipo y por todo el mundo, pero ninguno está embarcando en un velero. Un ‘Living Lab’ se basa en el concepto de la validación de soluciones tecnológicas en entornos cercanos a la vida real con el objetivo de favorecer la innovación y aportar a la sociedad tecnologías de gran valor que llegue al mercado.

“Mi barco no es más que mi autocaravana flotante”, describe el patrón del Acrobat, un velero tipo Sigma 38 de 12 metros de eslora, que cuenta con 3 camarotes (dos en popa y uno en proa), está equipado para alojar a ocho personas y es la base de operaciones del proyecto en su recorrido marítimo. De origen británico, el Acrobat ha participado en prestigiosas regatas como la ‘Rolex Middle Sea Race’ o el ‘Grand Prix of the Atlantic’, en las que obtuvo muy buenas clasificaciones. Entre los múltiples usos que puede afrontar esta embarcación está el de velero de recreo, lo que ha consolidado su solvencia como sede del proyecto. “Ha cruzado el Atlántico y fue por la zona de Cabo Verde cuando peor lo pasé por el oleaje; de noche no se sabía por dónde llegaban”, describe el ingeniero.

Entre las tecnologías embarcadas que se están validando se encuentra ‘Easy Wind’, una estación meteorológica que mide la intensidad y dirección del viento mediante un sensor ultrasónico y que cuenta con conexión wifi. Esta tecnología, que ya fue utilizada por entrenadores de vela ligera y comités de regatas en los pasados Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, se ha actualizado con un nuevo prototipo con vistas a los Juegos de Tokio.

“Ya nos están conectando los japoneses”, señala Diego de Miguel, quien ha hecho hincapié en que “Easy Wind nació de la Escuela Universitaria Politécnica de La Almunia de Doña Godina (Eupla), de Zaragoza, para instrumentación electrónica y saber en tiempo real como están sufriendo el aparejo y la jarcia en barcos de la Copa América de Vela. Comenzamos en 1995 con el Rioja de España (San Francisco), luego fuimos a Aukland, Nueva Zelanda, con el Bravo (Desafío Español 1999) y en el 2007 estuvimos con muchos barcos: el defensor y ganador (Alinghi, Suiza), el Desafío Español de Iberdrola, y 3 más”.

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